Las pinturas digitales de Fernando Batista se suman a la oferta de la sala virtual de la Diputación

Esta muestra está compuesta de creaciones digitales elaboradas a través del iPad del autor, inspiradas en el jardín de su propia casa a raíz del período de confinamiento.

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Redacción. ‘Encerrado en mi casa todo me da igual’ es el título de la colección de pinturas digitales que Fernando Batista expone en la Sala Virtual de la Diputación y que se suma a las colecciones que a través de este formato digital la Fundación Provincial de Cultura acerca al público en apoyo de los creadores de la provincia.

Esta muestra está compuesta de creaciones digitales elaboradas a través del iPad del autor, inspiradas en el jardín de su propia casa a raíz del período de confinamiento.

Así, Batista aúna el arte con otra de sus pasiones, el mundo vegetal, al que califica como «un refugio, al igual que la pintura, que me acompaña toda mi vida». Todas las obras son pinturas digitales y de tamaños distintos sobre diferentes plantas y rincones de su casa en las que destaca su trato del color y su delicado dibujo, laborioso y constante.

Fernando Batista

Fernando Batista sintió vocación por la pintura desde que tiene uso de razón. Comenzó su formación artística en la Escuela de Arte y Oficios de Cádiz, para posteriormente trasladarse a Madrid y allí tener contacto con la rica actividad cultural en los años de «La Movida», que le permitieron familiarizarse con las obras de artistas como Warhol, Pistoletto, Pérez Villalta, Keith Haring, que compartían espacio en locales y bares con otros creadores desconocidos, que en buena parte nutrieron la incipiente feria de Arte Contemporáneo ARCO.

Con este bagaje regresa a Cádiz con la intención de encontrar un hueco en el difícil mundo del arte. Un intento que retoma desde hace un par de años motivado en parte por las circunstancias adversas del confinamiento.

El comisario de la exposición, David Saborido, se refiere a la obra de Batista como «proyectos de líneas y a color, de vibrantes hechuras, alegres, directos y sin misterio alguno, parecidos reales a aquello que él mismo cree estar viendo con suma claridad. Retratos de interiores o de floridos rincones y resquicios de pétalos que muerde con su mirada, instantes llenos de religiosidad al pintar y dibujar sus plantas, llenos de sinceridad, e incluso certeros, fieles a lo natural de la vegetación, que disfruta de cerca en el jardín».

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